La competencia

La leyenda del "first mover".

La leyenda del “first mover”.

Hablar de competencia es hablar de una de las bases de nuestro sistema económico. En los últimos años las estructuras políticas de los países desarrollados han seguido la pauta de liberar de ataduras a los mercados para que sean éstos los que se autoregulen y establezcan las reglas de juego por la libre interacción entre oferta y demanda.

Dentro de las fuerzas que mueven la oferta, se encuentra la competencia, en términos de existencia de productos sustitutivos, potencial y facilidad de entrada de nuevos competidores e intensidad competitiva existente (véase las cinco fuerzas de Porter):

  • Un mercado con una demanda superior a la oferta hará que los productores aumenten los precios para regular la demanda, los beneficios aumenten, y el mercado atraiga a nuevos competidores, debido a que la intensidad competitiva es baja.
  • Un mercado con una oferta superior a la demanda provocará reducciones de precios, y salida o cierre de competidores. La intensidad competitiva será muy elevada.
  • En mercados más o menos estables, una empresa tiene incentivos a introducir mejoras tecnológicas que incrementen su productividad, reduzca los costes unitarios de producción y pueda bajar los precios para absorber mayor cuota de mercado.

De acuerdo con esta interpretación llamemos “clásica”, la competencia es esencialmente buena porque permite que los mercados se autoregulen. Cuando no existe competencia, se dan casos de monopolios u oligopolios, donde no habrá incentivos para mejorar (luego volvemos a esto).

En el mundo Startup, donde se desarrollan nuevas propuestas para solucionar nuevos o viejos problemas, la competencia es vista de forma diversa:

  • Tenemos emprendedores que manifiestan que son los primeros y que nadie hace lo que hacen ellos. Hoy día considero que es una afirmación temeraria, y a poco que un potencial inversor haga un poco de research e identifique competidores o incluso productos sustitutivos (que no son competencia directa, pero canibalizan mi mercado) empeorará la opinión sobre el emprendedor y la inversión se pondrá en seria duda: ojo con posicionarse como first mover. Además, recordad aquello de que un pionero es reconocido por llevar la espalda llena de flechas. No obstante, si una Startup va a crear un nuevo mercado, precisamente se encontrará en esa situación de pionero, por la propia definición de nuevo mercado.
  • Tenemos la situación habitual en la que el mercado ya existía y la Startup entra en él a ofrecer algo mejor, resegmentar el mercado compitiendo en coste, o resegmentarlo atacando un nicho desatendido. En este caso, existe competencia, y la facilidad de desarrollar el negocio de la Startup dependerá de su propia capacidad de generar una ventaja competitiva injusta, de lo intensa que sea la competencia (precios bajos) y de lo fuertes que sean los actuales líderes del mercado (especialmente si la Startup quiere resegmentar compitiendo en coste). Considero que esta es la situación más habitual: asumimos que existe un nivel de competencia determinado, y nos posicionamos en relación al mismo.

Esta podría ser una radiografía muy general sobre el estado de comprensión de la competencia, aplicable tanto a Startups como a empresas consolidadas.

La perversión de la competencia

En esta línea, es interesante la reflexión que recoge Jeremy Rifkin en su must read La sociedad de coste marginal cero. Sigo con la situación antes descrita en relación con mercados estables, donde las mejoras tecnológicas son la fórmula para ganar productividad y seguir compitiendo.

En el largo plazo, ello lleva a que los precios tiendan a cero, a que el coste marginal de producir una unidad sea prácticamente nulo porque se alcanza una productividad extrema. Para Rifkin, esto ya está cerca de ocurrir en muchos mercados debido a las consecuencias de la tercera revolución industrial basada en la información. Internet de las Cosas, la economía colaborativa, la posibilidad de que todos podemos ser productores y distribuidores de nuestro propio producto, hace que las grandes estructuras económicas puedan estar en riesgo de continuidad en los próximos decenios, según Rifkin. De hecho, augura el estancamiento del capitalismo, que pasará a ocupar un lugar residual dentro del nuevo paradigma económico dominado por lo que llama “procomún colaborativo“.

El germen del fin del capitalismo está en el ADN del propio capitalismo: la competencia

Si esto es así, uno se plantea algunas cuestiones:

  • ¿Hasta cuándo durará el capitalismo? Esta pregunta no tiene respuesta, pero para Rifkin el declive ya ha empezado.
  • ¿Afectará por igual a todas las industrias o sectores? ¿Qué pasa con servicios de venta de tecnología o de desarrollos de software, donde la venta es prácticamente sin margen? No sabría responderlo, pero creo que cada sector tendrá su análisis particular del impacto de este cambio.
  • ¿Significa esta predicción que uno debe huir de mercados con elevada intensidad competitiva? Obviamente sí, tanto por lo que vaticina Rifkin como por lo que hemos comentado al principio del post.
  • ¿Significa esta predicción que la estrategia de entrar en un mercado existente (a ofrecer una mejora, a resegmentar en costes o a resegmentar un nicho) tiene caducidad indeterminada y, por tanto, carece de sentido económico lanzar una iniciativa en ese mercado? Complicado responder, pero en general dependerá también de la intensidad de la competencia y de la oportunidad de negocio en términos de tamaño del mercado. Es decir, durante cuánto tiempo podremos aprovechar la situación de ese mercado hasta que se cumpla en ese mercado lo que Rifkin dice.

En resumen, nuestra entrada en un mercado existente con una nueva tecnología (para producir, para prestar el servicio o para entregar el producto) está contribuyendo a intensificar la competencia y a que se vayan cumpliendo los pasos que define Rifkin.

Monopolio

Esta reflexión sobre la competencia, nos lleva a una segunda idea, que Peter Thiel (fundador de PayPal y Palantir) trata en su libro De cero a uno.

La idea general es que la competencia implica que no hay beneficios para nadie a largo plazo.

Lo contrario, el monopolio, permite que se obtengan los beneficios que el monopolista determine. En un mundo donde nada cambia, el monopolio es esencialmente positivo para el monopolista y negativo para la sociedad. Sin embargo, en un mundo donde los avances tecnológicos se suceden de forma exponencial, todo cambia, y los monopolistas no pueden confiar en su ventaja porque llegará una nueva amenaza que derrumbe su monopolio estático. Thiel define así los monopolios creativos, que mejoran la sociedad (Google es un ejemplo). De hecho, dice que el progreso es la historia de monopolios cada vez mejores que sustituyen a los anteriores. De ahí que la propuesta de Thiel (a lo bestia, os recomiendo que leáis el libro) sea que las Startups deben crear monopolios que vayan de 0 a 1, en lugar de replicar modelos mejorando pequeñas cosas que nos leven de 1 a n.

Reflexiones finales

Me resulta complicado obtener conclusiones, pero es llamativo que los dos últimos libros que estoy leyendo pongan en entredicho la sustancia del capitalismo, la competencia. Por un lado el procomún colaborativo como nuevo paradigma (algo se percibe en los últimos 2 años) y por otro lado la creación de nuevos mercados monopolísticos tecnológicamente avanzados y dinámicos, son propuestas más que interesantes para que los emprendedores actuales profundicen en la creación de sus Startups.

VEP